martes, 12 de julio de 2011

Dos presidenciables se vieron las caras

EL HERALDO DE CHIHUAHUA



Chihuahua, Chihuahua.- Hasta no poder evitarse más se encontraron ayer en esta capital quienes son considerados los más fuertes contendientes a la presidencia de la República Mexicana, Enrique Peña y Marcelo Ebrard, quienes cautivaron la miradas durante todos los momentos de la Convención Nacional de Seguridad Pública.

Ambos, uno en Toluca, otro en Chihuahua, iniciaron temprano su participación en un evento que reunió a diecinueve mandatarios que se sentaron a la mesa de la negociación para plantear soluciones a los problemas de inseguridad en el país; a convocatoria del gobernador chihuahuense César Duarte.

Frente a un solitario Genaro García Luna fue entonces que los gobernadores obligaron al panista a poner una mejilla, y la otra también, a fin de que hiciera llegar el mensaje al presidente Felipe Calderón. Esto último ante la mirada de un expectante Héctor Ortiz que prácticamente resultó ser el único panista que fue apoyar a su causa durante la reunión, superado incluso por parte de los representantes del Sol Azteca.

Tras un tradicional desayuno de huevos servidos a gusto de los comensales, los otros mandatarios comenzaron la jornada despachando los asuntos de cada una de sus entidades antes de abordar juntos un camión oficial provisto por parte del Gobierno del Estado.

A diferencia de Marcelo Ebrard, que llegó temprano a la reunión privada realizada en el asiento del copiloto; Enrique Peña Nieto, quien se aventuró a manejar por las calles de la ciudad; así como abismalmente en forma distinta al hidrocálido Carlos Lozano, quien fue el único mandatario que aprovechó la oferta de los vuelos gratuitos en helicóptero para aterrizar en el evento efectuado en Palacio de Gobierno.

Fuertemente custodiados los mandatarios ingresaron primero a una reunión privada en el antiguo Palacio Federal, provisto de guardias de seguridad privada, guardaespaldas, policías estatales, francotiradores y militares, quienes apenas dejaron pasar al viento por las ventanas del histórico inmueble.

Y es que para mantener a raya a los manifestantes, el operativo de seguridad determinó cerrar las principales avenidas en las inmediaciones de la sede de la convención disuadiendo todo intento de acercarse a los mandatarios.

Entre las manifestaciones que intentaron realizarse inmediatamente fueron apagadas por parte de los elementos de seguridad para permitir a los gobernadores salir a tomarse la foto del recuerdo, antes de realizar una audiencia pública en la que se informó sobre los resultados de la convención.

Indiscutiblemente todos los espectadores atinaron en señalar al mejor peinado, al mejor vestido, al más bronceado y hasta al más chamusqueado; resaltando también entre los mandatarios Mario López Valdez, el único gobernador panista presente en la imagen quien pidió Tambora, Quelite, Niño perdido y hasta Torito al sacar la casta sinaloense, más que la priísta de antaño.

Así se formaron uno a uno para la fotografía. Duarte, el anfitrión, justo en medio de todos los mandatarios y para lo que pudiera ofrecerse: Peña Nieto a la diestra y Ebrard a la siniestra. Entre las féminas, quien más se acercó al mexiquense fue la secretaria general de Gobierno, Graciela Ortiz, a quien sus atenciones, pero más su condición de mujer, le permitiría en algún futuro no muy lejano seguir cercana por la vía plurinominal.

A la voz de ¡Arriba Chihuahua! todos los mandatarios sonrieron para dar testimonio de la hospitalidad recibida entre los norteños, antes de ingresar al interior del Palacio de Gobierno donde participaron de una guardia de honor en el altar levantado para honrar la memoria del padre de la patria: Miguel Hidalgo.

Eso dejaría entrever la disputa que por los reflectores sostuvieron los corredores con más potencia de la carrera presidencial, quienes apenas voltearon a verse durante el encuentro y para evitar quedarse fuera de la foto volvieron a sentarse junto al anfitrión, ante la mirada de los legisladores, periodistas y demás invitados al evento realizado en la sede del Ejecutivo Estatal de Chihuahua.

Y si no fuera por el asedio de los medios de comunicación Peña Nieto hubiera estado presente incluso en la rueda de prensa donde el presidente de la Conferencia Nacional de Gobernadores manifestó los acuerdos alcanzados por los mandatarios, optando el mexiquense por aprovechar la atención de otros medios de comunicación antes de saludar finalmente a quien fuera su confesor de cabecera: el obispo Constancio Miranda.

Clausurados los trabajos de la convención inmediatamente los gobernadores fueron escoltados hacia el aeropuerto para abordar las aeronaves que los llevaron de regreso a sus entidades de origen en todo el país.

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