jueves, 10 de febrero de 2011

Lo matan para borrar su valentía ante crimen

EL PUEBLO
Chihuahua.- El mundo conoció a Álvaro Sandoval Díaz por su valentía. La tarde del 23 de enero, este comerciante de 50 años de edad armado solamente con una pistola 380 había logrado abatir a tres maleantes para defender a los suyos. Pronto habría de convertirse en el “héroe de Palomas”. Sin embargo, la venganza no tardó.

De 38 disparos, hombres armados lo ejecutaron en su vivienda, el mismo sitio en donde 17 días atrás se había vestido de héroe. También asesinaron a su esposa Griselda Pedroza Rocha. En esta ocasión no pudo defenderse y dejó en la orfandad a una niña de seis años.

La tarde de su arrojo en Puerto Palomas de Villa, una comunidad asediada por el crimen al norte de Chihuahua, la familia Sandoval dormía cuando escucharon ruidos en el exterior. Tras ver por una de las ventanas, Álvaro se percató de que tres sujetos con vestimenta militar, armas largas y capuchas derribaban la reja de su casa.

Sacó su pistola y los sorprendió. De un par de balazos en la frente eliminó a dos de los encapuchados y entonces dirigió el arma hacia un tercer sujeto que se encontraba en la cochera, al que acertó hasta en tres ocasiones. Un cuarto individuo, oculto en un rincón, logró huir.

“Eran ellos o yo y mi familia”, declaró tranquilo, pero con rostro adusto, ante las autoridades. Los testimonios sobre su hazaña difieren en los detalles. A la versión de autodefensa, tras resguardar a su mujer e hija en una recámara, se suman los señalamientos de que los delincuentes robaban aparatos eléctricos, joyas y dinero, cuando vino la amenaza de don Álvaro.

Los cierto es que José Luis Camacho, Esteban Encarnación Córdova Duarte y Juan Ruiz Luévano no desistieron ante la advertencia y Sandoval disparó ocasionándoles la muerte. Tras un breve juicio por el triple homicidio, el padre de familia quedó en libertad.

La fiscal Edith Emilia Terrazas Franco dijo que el caso quedaba cerrado oficialmente al determinarse que la actuación de Sandoval Díaz fue en legítima defensa y que su arma estaba debidamente registrada ante la Secretaría de la Defensa Nacional.

Al momento en el que el gobernador César Duarte salió a explicar las causas de su libertad, dijo que los asaltantes muertos habían pasado a ser extorsionadores que pedían una cuota por derecho de piso al comerciante, eran integrantes de una célula del crimen organizado, por lo que al negarles el pago y verse amenazado, tuvo que recurrir a la autodefensa.

Señaló que todas las personas en situación similar recibirían trato de víctimas y no de victimarios, aclarando que los códigos Penal y de Procedimientos Penales establecen salvedades a favor de la legítima defensa.

El propio gobernador declaró que “Chihuahua es aliado de los ciudadanos que defiendan su patrimonio” y por lo tanto no se procedería en su contra. Ayer, Duarte matizó su postura y aseveró que sería imposible cuidar personalmente a cada ciudadano, ya que son muchos los hechos violentos que ocurren en la entidad.

El comerciante ultimado era propietario de una recicladora de partes para automóvil, conocidas en la región como yonkes, ubicada en el mismo predio de su vivienda. Según información de la fiscalía había sido víctima de un grupo de extorsionadores y posiblemente el primer atentado estuvo relacionado con el cobro de “cuota”.

Después del incidente, los Sandoval siguieron con su vida cotidiana, no dejaron el poblado, tampoco cerraron el negocio y rechazaron la protección ofrecida por la Fiscalía del Distrito Judicial Galeana, porque “espantaba” a la clientela. Sólo aseguraron que comprarían una escopeta.

Se ignora si finalmente compró el arma, pero la noche del martes pasado, Sandoval Díaz fue asesinado junto con su esposa Griselda, de 33 años, en el domicilio que antes había defendido.

Los reportes policiacos en principio establecen que un grupo fuertemente armado irrumpió en su casa y que antes de quitarles la vida encerraron a su hija en un baño para luego “rafaguear” a la pareja.

La Fiscalía General del Estado Zona Norte dio a conocer que no había agentes de seguridad asignados a su custodia, pero aseguró que oficiales de la policía estatal acudían al menos seis veces al día a su establecimiento para verificar que todo estuviera bien.

Además, argumentó que Álvaro Sandoval Díaz se oponía a tales inspecciones, por lo que éstas se realizaban en contra de su voluntad. Agregó que la última visita de los elementos policiales se dio poco menos de una hora de que fuera asesinado.

La dirección del comerciante era ampliamente conocida, su nombre todavía más. Se presume que los cómplices de los asesinados volvieron y lo mataron, como para escarmentar a la comunidad, para arrebatarle su heroísmo, pero en lugar de ello lo exaltaron más. Lo único que lastima, es que haya tanta impunidad.

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